Armarios vacíos

Como cada año por estas fechas la bandera arcoíris vuelve a lucir en muchos lugares de nuestras ciudades para celebrar la semana del Orgullo LGTBI+. Lo hace todavía ante la mirada atónica de quiénes aun no entienden el motivo de tal reivindicación y piden ridículamente el día del Orgullo Hetero como si el mero hecho de pedir semejante estupidez fuese motivo de orgullo alguno. Este año la cantante María del Monte en su pregón de Sevilla ha hecho público su amor por la que es su pareja desde hace veintitrés años, la periodista Inmaculada Casal, que durante muchas sobremesas presentó en Canal Sur TV el espacio «Contraportada». María ha salido del armario ante una avalancha de reacciones por el gesto que más que de valentía debería ser de amor. Sin embargo para una persona pública siempre existe el riesgo de la reacción del público que en líneas generales ha sido positiva. «¿Qué necesidad tenía María a estas alturas de meterse en nada de esto?» se escucha y se lee desde algún que otro sector. Pues el que ella misma ha considerado. Ni más ni menos ¿Por qué iba a seguir callando? ¿Por qué siendo la pregonera de un acto tan especial como ése no iba a gritar a los cuatro vientos lo feliz que es junto a su pareja? «Es que lo de Maria era vozpopulis» siguen diciendo desde el otro lado. Pues con más inri. Pregúntense por qué una pareja heterosexual no vive en secreto un amor de veintitrés años «para proteger a su familia» tal y como ella misma ha declarado. Pregúntense por qué no se las ha visto nunca cogidas de la mano en ningún acto público por muy juntas que siempre hayan estado. En el caso de María, con sesenta años ya a sus espaldas, esta declaración de amor toma mucho más importancia porque pertenece a una generación donde la homosexualidad era un tabú en toda regla. Si lo era entre hombres ¡imagínense entre mujeres! María hoy es más libre que ayer y solo por eso ya vale la pena.

¿Son necesarios este tipo de gestos a día de hoy? Pues viendo las reacciones que provoca una película de dibujos animados donde dos mujeres se dan un beso desde luego que sí. De hecho y si nos quedamos en Cádiz, Kichi ha sacado del armario a más homófobos en siete años que homosexuales en las últimas décadas. Porque no hay mayor detector homófobo que una bandera LGTBI+ en un edificio público o un gesto como el que hacía María esta semana. Ahí salen todos del armario. Ésos también deben quedar vacíos. Vacíos de los que dicen tener «amigos homosexuales» pero luego se pasan sus derechos por su… santa moral. Y deben quedar vacíos entre otras cosas porque eso nos permitiría enfrentarnos a ellos sin ninguna careta de por medio.

@ManoloDevesa

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