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¿SABIAS QUE...? CADIZ

El barrio que destruyó La Catedral de Cádiz

La Catedral de Cádiz conforma uno de los grandes iconos e imagen más reconocible de nuestra ciudad. En unas semanas, la también llamada Catedral nueva será escenario de la Semana Santa con la visita de las diferentes hermandades para hacer estación de penitencia en ella. Pero ¿qué había en su lugar antes de que se crease? Hoy os hablamos del barrio que la precedió: el barrio de las escuelas.

Lo que hoy conocemos como la plaza de la Catedral es fruto de una enorme reforma urbanística, muestra del buen momento económico por el que pasaba nuestra ciudad con el traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz en 1717. Estos tiempos esplendorosos piden una nueva Catedral que supere a la ya existente en Santa Cruz, saqueada por los ingleses anteriormente. Para ello hay que buscar un terreno lo suficientemente grande para la catedral que se pretende construir. Es entonces cuando buscando un lugar céntrico, deciden plantearlo en un barrio que va desde el Pópulo a la calle San Juan llamado el barrio de las escuelas.

Barrio-de-las-escuelas

Buscando información de dicho barrio consultando el libro Calles y Plazas de Cádiz, podemos leer que el barrio o calle de las Escuelas debía su nombre a las escuelas donde bajo la dirección de los Jesuítas se enseñaba a leer y escribir con maestros pagados por ellos mismos. Para ello se les había concedido una prórroga en la cesión de la renta de la pescadería que disfrutaban. Más tarde, en 1602 el Ayuntamiento asigna 50 ducados al año y un sitio en la plaza de la Corredera para labrar una tienda, con cuyos productos pueden ayudar a los maestros de las escuelas.

Sin embargo, la construcción de la Catedral acabará también con las casas existentes en las calles Marrufo, llamada así por una antiquísima familia gaditana entre los cuales se encontraba Tomás, racionero en 1845 de la Catedral, y otros Regidores perpetuos, como Francisco Marrufo de Negrón. La calle Virreina, nombre de la viuda de D. Gabriel Diez del Castillo, Virrey que fue de Chile, está llamada también a desaparecer como aquella otra que va de la Rosa a San Juan o de la Catedral Vieja a lo que hoy conocemos como Arquitecto Acero.

Una vez conseguido el terreno, en 1721 gana el concurso para la construcción de la Catedral el arquitecto Vicente Acero, proveniente de trabajar en la Catedral de Granada. Vicente viene con ganas. Hay dinero en la ciudad y por eso sus pensamientos pasan por construir una gran Catedral con cúpula y torres altísimas. Sin embargo, un derrumbe en la cúpula del convento de Santo Tomás (Madrid) con 80 victimas mortales, le alertarán por lo que pretende hacer aquí. Con los años, Vicente decide dimitir siendo sustituido por Gaspar Cayón y más tarde por sobrino Torcuato. Cuando éste muere en 1783, le sucede Miguel Olivares que durará hasta 1790. Manuel Machuca, diseñador de las actuales torres, coge la alternativa hasta 1796.

Con los años que avanzan vertiginosamente, la bonanza de la ciudad desaparece. Llegan malos tiempos y eso provoca un parón ¡de 36 años nada más y nada menos! La obra de la Catedral parece eternizarse. De ahí la famosa frase. Pero por fin, en 1832 Don José Manso llega dispuesto a acabar la obra de la Catedral tal y como ha hecho en Granada. Para ello se pondrá en contacto con Juan Daura quien la consagrará en 1838 a falta de las torres.

 

@ManoloDevesa

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