El arqueólogo que durmió sobre su propio sueño

Hay profesiones que van más allá de la vocación. En ocasiones rozan la obsesión. Es lo que le ocurre a nuestro protagonista de hoy: el arqueólogo Pelayo Quinteo Atauri. Sin embargo sus estudios nada tenían que ver con la arqueología. Había estudiado Derecho en Madrid y Dibujo en la Escuela de Bellas Artes. Es su tío Román, investigador de antigüedades, quien lo inicia en un mundo verdaderamente apasionante y lo anima a convertirse en Archivero Anticuario Bibliotecario.

Aunque lo pueda parecer por lo pegado a la ciudad que su nombre está, Pelayo no era gaditano si no de Cuenca. De Uclés concretamente. Cuando llega a Cádiz ya es un hombre experimentado en lo que se ha convertido en su pasión: la arqueología.

De nuestra ciudad le llama poderosamente la atención el sarcófago antropomorfo masculino de época fenicio-cartaginesa que se descubre en 1887. Desde ese momento, Pelayo está convencido de que si han encontrado un sarcófago masculino, deber existir el femenino y comienza ahí una búsqueda que se convierte en una auténtica obsesión.

El propio Pelayo confiesa que ha excavado en el jardín de su chalet, llamado “La Quinta”, y que incluso sueña con la aparición del otro sarcófago. Pero sus numerosos intentos por encontrarlo son en vano y muere en 1946 sin hacer realidad su sueño.

Más de tres décadas después, en 1980, y durante unas obras en un edificio en la calle Ruiz de Alda de Cádiz, tiene lugar la sorpresa. La máquina excavadora se topa con todo un descubrimiento: un trozo de mármol. Desde ese momento se paraliza la obra y se avisa de inmediato al director del Museo de Cádiz, Ramón Corzo.

Pelayo-Quintero

El descubrimiento es mayor de lo que ellos pueden imaginar y aquello comienza a tomar tal importancia que enseguida la prensa y los gaditanos se acercan a las inmediaciones del lugar, guiados por una tremenda curiosidad. Lo que descubren no es una escultura policromada al uso. Se trata  ni más ni menos que de un sarcófago femenino. Ese que tanto buscó a lo largo de su vida Pelayo.

El descubrimiento tiene relevancia de por sí, pero el lugar donde se encuentra lo dota además de una sorpresa mayúscula. Los terrenos donde el sarcófago se encuentra son los mismos que años atrás sostenían la casa del mismísimo Pelayo.

En el libro “Mercado de espejismos” escrito por el gaditano Felipe Benítez Reyes se puede leer algo que ha dado título a nuestro artículo de hoy: “Quintero Atauri tuvo, en fin, un sueño pero nunca supo que dormía sobre ese sueño. Jamás se nos ocurre mirar la tierra que pisamos cada día de nuestra existencia, aunque la mayoría de las veces esa tierra pisoteada es el único tesoro accesible: un lugar insignificante en el universo“. Impresionante ¿no creen?

@ManoloDevesa

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