La espeluznante historia de Juan Páez, el niño del Pópulo

El ser humano es cruel. Y si echamos la vista atrás, su crueldad viene desde el principio de los tiempos. Cuando hoy vemos en la prensa casos en los que los niños son las principales víctimas, nos asombramos y solemos tener la sensación de que lo que ocurre hoy no pasaba antes. Pero nos equivocamos. El caso de Juan Páez , el niño al que asesinaron salvajemente en el Barrio del Pópulo, es una muestra de ello.

El barrio del Pópulo y la calle Plocia se convierten en escenario de una historia cuyos detalles la conocemos gracias a Eugenio Belgrano, investigador del subsuelo de Cádiz que se encontró con esta triste historia durante sus trabajos sobre las cuevas que se encuentran en el subsuelo de la ciudad.

Nos debemos situar en el Cádiz de principios del siglo XVIII. Y más concretamente en el barrio del Pópulo. Un 9 de diciembre de 1703, nace Juan Páez, el hijo de Ambrosio Páez y doña María de los Ríos, una pareja que por los rumores de la época podría tratarse de sefarditas dispuestos a convertirse al cristianismo, condición que podría ser el principal motivo de lo que le ocurriría al niño Juan. La pareja es humilde y la madre viuda se gana la vida de criada.

Nada podía presagiar que aquel 27 de agosto de 1708 cuando después de la oración, Juan juega en la puerta de su casa con sus amigos en lo que hoy es la calle Fabio Rufino, desaparece sin dejar rastro. A pesar de los tiempos difíciles que se vive por entonces, la desaparición de un niño siempre revoluciona a la sociedad y más si hablamos de una ciudad pequeña como la nuestra. Durante cuatro intensos días a Juan parece habérselo tragado la tierra y los intentos de todo el que lo conoce por encontrarlo son en vano.

Sin embargo, el jueves 30, cuatro días después de su desaparición, Juan es encontrado donde hoy es la calle Plocia, por entonces calle del Boquete o del Boquerón. Está vivo pero su estado es lamentable. Tiene heridas en los pies y las manos como si hubiese estado maniatado y cuenta además con tres golpes en la cabeza. La persona que lo encuentra, al parecer de color, lo lleva al hospital de San Juan de Dios. Es allí donde es reconocido por un chico que lo lleva a casa de su abuela, quien según dicen le cuesta reconocerlo por su deplorable estado: lo han azotado tanto con cuerdas como con varas, tiene la cabeza hinchada y sus ojos morados e incluso observa asombrada que le han malcircuncidado el pene quemando luego la herida para cicatrizarla. Según el propio Juan, ha estado encerrado en una casa del barrio del Pópulo donde se escuchaban borricos, atado de pies y manos y con los ojos vendados. Confiesa haber suplicado que lo dejasen en paz haciendo caso omiso a sus súplicas. Seis días después, el 6 de septiembre, con el cuerpo colocado a imagen y semejanza de Jesús crucificado, muere víctima de sus numerosas heridas. Cádiz queda totalmente conmocionada por este salvaje hecho. Así que el obispo, Fray Alonso de Talavera, se hace cargo del entierro, llevándolo a la Iglesia de Santa Cruz, donde es enterrado en una de sus bóvedas.

Dispuesto a salir de dudas por aquello de si es una leyenda o un hecho real y asombrado y enganchado a tal cruel historia, Eugenio Belgrano decide continuar tirando del hilo y para su sorpresa acudiendo al Archivo Catedralicio, encuentra el parte de defunción: “En Cádiz, el 6 de septiembre de 1708 se enterró por la tarde en esta Santa Iglesia con entierro general al declero de esta ciudad, convidados por el ilustrísimo y reverendísimo señor don Fray Alonso de Talavera, obispo de esta ciudad y Obispado, a Juan Páez, de edad de cuatro años y ochos meses, natural de esta ciudad, hijo de Ambrosio Páez y de María de los Ríos. Vivía en la plaza en casa de los herederos de Juan Antonio Navarro. Murió en 6 del presente mes, y lo firme como cura samanero Dr. Don Juan Gabriel de Manecilla”.

santacruz
¿Dónde está el cuerpo de Juan? Tras pedir permiso, Eugenio logra acceder a una de las criptas de Santa Cruz donde observa restos de madera de 1,10 metros, medidas que dan que pensar que podría tratarse del ataúd de Juan aunque en otra de las criptas encuentran el ataúd de otro niño…
Siglos después, a pesar de los intentos del canónigo magistral Antonio Romero de santificar a Juan al considerar que había sido objeto de un asesinato ritual orquestado por los enemigos de la fe cristiana, ve como sus intereses no prosperan.
Y así acaba la historia de Juan Páez, cuya investigación nunca consiguió aclarar la identidad de los culpables, la historia de un niño anónimo y pobre cuya vida no hubiese interesado lo más mínimo de no ser por el triste final que tuvo. El niño que consiguió reunirnobleza, hermandades y gran multitud de ciudadanos a través de un entierro multitudinario.
@ManoloDevesa
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