La leyenda de “La Casa del Pirata”

En estos días en que Cádiz ha vivido envuelta en aires marineros con la llegada de barcos desde destinos lejanos para “La Regata de Grandes Veleros 2016”, me gustaría contarles la historia de lo que podría ser una de las leyendas más conocidas de nuestra ciudad: la del pirata que cumplió su promesa a pesar de su trágico final. Pasear por la calle Beato Diego y no observar con cierto morbo su nº8 es inevitable. La historia que encierran sus paredes no es para menos. Pero además, la que llaman desde entonces “La Casa del Pirata” es uno de los edificios más bonitos de la ciudad. Un diseño peculiar y altamente marinero con una escalera que sube directamente hacia la Torre Mirador.
Pirata
Y es que según cuenta la leyenda, aquel era el hogar donde una pareja de enamorados vivió. Una pareja golpeada por la pobreza y la injusticia hasta la saciedad. Él no disponía de dinero suficiente para llevarla al altar. Así que harto de vivir sin un duro en la cartera, decidió poner tierra de por medio embarcándose camino de América con una promesa por cumplir: llegar a Cádiz con el dinero suficiente para poder enterrar a su amada en oro. ¡Menuda chulería se marcó el amigo!. Y así, como el que no quiere la cosa, los meses comenzaron a pasar lentamente desesperando a la mujer que no veía la hora de ver aparecer a su amado. Cada noche, suspiraba buscándolo en el mar hasta que un día la terrible noticia la sacudió de lleno: el barco en el que viajaba su amado había naufragado en una tormenta y no había supervivientes. Pero lejos de hundirse, siempre  tuvo la esperanza de que aquello no hubiese pasado y que su amado estuviese sano y salvo.
Y como dicen que cuando alguien desea algo con todas sus ganas, al final acaba ocurriendo, un día arribó al puerto un barco del que bajó un rico comerciante que resultó ser ni más ni menos que su añorado amante. Tras contarle todo lo sufrido a su amada, el ahora pirata le reveló su grandiosa fortuna conseguida en tierras lejanas a la que debía volver para recogerlas. Después del susto de creerlo muerto, ella intentó evadirlo y le construyó una casa desde donde pudiese contemplar el mar como si estuviera en lo alto del palo mayor de un navío. Aun así, el pirata se embarcó de nuevo para recoger todas sus riquezas.
A la vuelta, y un tiempo después, tras una repentina enfermedad, ella murió siendo cubierta de oro tal y como él le había prometido. Pronto, los rumores se extendieron a todo Cádiz llamando la atención de unos ladrones que no dudaron en abrir el féretro de su amada para robar todo el oro del interior. Cuando él se dio cuenta, buscó a los ladrones y los mató a sangre fría. A raíz de aquello, el pirata fue condenado a estar en la cárcel durante el resto de sus días.
Fue así como aquella casa en la calle Beato Diego de Cádiz pasó de ser el simple hogar de dos enamorados, a convertirse la casa del Pirata pobre que se convirtió en rico pero perdió a su esposa y la libertad de la que hasta entonces disfrutaba.
@ManoloDevesa
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